
Las noticias sobre M. no mejoran nada. El joven amante va asimilando lo que ella le enseña en las escasas citas que tienen. Tiene que recordarle que en la cama hay que buscarse, que si una pierna cae al lado del culo es una buena excusa para acariciarse de otra manera. Y ha tenido que escuchar que a él no le gusta chupar hasta que le han lamido a él antes. M. se sobresaltó al oír que de unos labios tan jóvenes salían prejuicios tan viejos.
Con paciencia le ha pedido en la última siesta que pasaron juntos que él empezase a jugar con la lengua alrededor del ombligo. Y que de ahí fuese deslizando boca, nariz y manos hasta llegar a los muslos. Me ha contado que él tardó dos segundos en bajar, cuando ella esperaba minutos de suaves cosquillas.
Aunque le pidió calma, él empujó las piernas hasta abrirlas y su lengua buscó con ímpetu y prisa el clítoris.
M. no quería correrse ya. Qué rápido. Tan pronto no. Pero sí. Y ya pudo seguir él en su carrera por tener un orgasmo de veinteañero.

2 comentarios:
Y es que determinadas cosas hay que hacerlas piano piano
Besotes
Rampy
nos pasamos un poco de ansia, teníamos que dejaros a vosotras las riendas, lo pasaríamos mejor
s
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