domingo, 12 de octubre de 2008

La prisa veinteañera




Las noticias sobre M. no mejoran nada. El joven amante va asimilando lo que ella le enseña en las escasas citas que tienen. Tiene que recordarle que en la cama hay que buscarse, que si una pierna cae al lado del culo es una buena excusa para acariciarse de otra manera. Y ha tenido que escuchar que a él no le gusta chupar hasta que le han lamido a él antes. M. se sobresaltó al oír que de unos labios tan jóvenes salían prejuicios tan viejos.

Con paciencia le ha pedido en la última siesta que pasaron juntos que él empezase a jugar con la lengua alrededor del ombligo. Y que de ahí fuese deslizando boca, nariz y manos hasta llegar a los muslos. Me ha contado que él tardó dos segundos en bajar, cuando ella esperaba minutos de suaves cosquillas.

Aunque le pidió calma, él empujó las piernas hasta abrirlas y su lengua buscó con ímpetu y prisa el clítoris.

M. no quería correrse ya. Qué rápido. Tan pronto no. Pero sí. Y ya pudo seguir él en su carrera por tener un orgasmo de veinteañero.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mi amiga y el sexo

Mi amiga M. tiene 45 años, los ojos verde claro y las tetas grandes. Dice que ya ha llegado a una fase de la vida en la que el sexo se le olvida hasta tal punto de que es capaz de estar sin masturbarse semanas enteras. Desde que acabó su relación con L. entró en una fase de hibernación de la que sale a duras penas cuando le cuentas algún rollo de última hora. Aunque más bien debería decir que era una fase de la que ella salía cuando yo le contaba las noches que pasaba con ellos… cuando ellos existían. Ahora ya no tengo ellos, tengo solamente un él, y ya no le cuento nada.

Ya ni eso la saca de su letargo. Y mira que lo siento, también por la parte que yo me pierdo.

Tener una hija de nueve años, S., no le ayuda nada. Pero nada. S. acapara el poco tiempo libre que deja a M. su agobiante trabajo. De ahí, precisamente, es de donde le ha salido el último amante. Es una criatura que acaba de llegar a la deliciosa veintena, y que apenas sabe de sexo lo suficiente para encontrar por donde meterla. Una vez más M. está teniendo que enseñar a un hombre a ser amante. (continuará)